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Descansar no siempre significa desconectar: aprender a volver a uno mismo

Muchas personas llegan a las vacaciones agotadas y descubren que, aunque dejan de trabajar, no consiguen descansar. Descubre por qué ocurre y cómo recuperar un descanso que realmente te ayude a volver a ti.

Muchas personas llegan a las vacaciones agotadas y descubren que, aunque dejan de trabajar, no consiguen descansar. Descubre por qué ocurre y cómo recuperar un descanso que realmente te ayude a volver a ti.

«Estoy de vacaciones…¿por qué sigo tan cansada?

Hay una escena que se repite cada verano.

Llegan las vacaciones. Cierras el ordenador, haces la maleta, respondes al último correo con un satisfactorio «nos vemos a la vuelta» y piensas: «Por fin, ahora sí, voy a descansar.»

Los primeros días parecen prometedores. Duermes un poco más, cambias el despertador por el sonido de los pájaros o, si eres de ciudad, por el del vecino que ha decidido hacer obras justo en agosto(esto si que no falla ;)). La vida tiene un sentido del humor peculiar.

Pero pasan unos días y aparece una sensación desconcertante. Seguimos con cansancio.

No necesariamente tienes sueño. Es algo distinto. Como si la cabeza siguiera funcionando a pleno rendimiento aunque el cuerpo estuviera tumbado en una hamaca.

Y entonces llega la culpa.(ayyyyyy de verdad que emoción tan ¡cansina!).

«¿Cómo puedo estar agotada si llevo una semana de vacaciones?»

Es una pregunta mucho más frecuente de lo que imaginamos.

Y la respuesta suele tranquilizar bastante.

Porque descansar y desconectar no son exactamente lo mismo.

Hoy lo que quiero compartir contigo es que las vacaciones no hacen magia.

Existe una creencia bastante extendida: pensamos que las vacaciones son una especie de botón de reinicio.

Trabajamos durante meses acumulando cansancio, estrés, responsabilidades y preocupaciones con la esperanza de que, durante dos o tres semanas, todo desaparezca casi por arte de magia.

Ojalá funcionara así.

Pero nuestra mente y ese maravilloso cerebro que tenemos, no saben de calendarios.

No distinguen entre el 31 de julio y el 1 de agosto.

Si llevamos meses viviendo deprisa, preocupándonos por todo, resolviendo problemas antes incluso de que aparezcan y sintiendo que siempre tenemos algo pendiente, nuestro cerebro no cambia de ritmo porque hayamos activado el mensaje de «fuera de la oficina».

Nuestro sistema nervioso necesita algo más que tiempo libre.

Necesita aprender que ya no está en alerta. El cuerpo descansa antes que la mente. Hay personas que llegan a las vacaciones con una deuda enorme de sueño. Los primeros días duermen mucho más de lo habitual. Y eso está bien. Es el cuerpo recuperando parte del terreno perdido.

Pero después aparece otra realidad. Aunque ya hayan descansado físicamente, la mente sigue acelerada.

Empiezan a pensar en septiembre. En todo lo que tendrán que hacer. En esa conversación pendiente. En el problema que dejaron sin resolver.

En si deberían aprovechar las vacaciones para ordenar la casa, leer esos libros acumulados, hacer ejercicio, aprender inglés, visitar a toda la familia y, si queda un rato libre, descansar.

Curiosa manera de entender el descanso, a veces convertimos las vacaciones en otro proyecto más que gestionar (y nadear para cuando, jejeje)

El descanso tiene muchas formas. Generalmente al hablar de descanso pensamos en dormir más tiempo. Sin embargo, la psicóloga Saundra Dalton-Smith popularizó una idea muy interesante: no todas las personas están cansadas por el mismo motivo y, por tanto, no todas necesitan el mismo tipo de descanso.

Hay quien necesita descanso físico.

Pero otras personas necesitan descanso mental.

O emocional.

O social.

O incluso creativo.

Pensemos en alguien que pasa todo el día tomando decisiones. Quizá lo que más necesite durante unos días sea dejar de elegir constantemente, que la lleven de la mano, no decidir nada.

Otra persona trabaja rodeada de gente. Tal vez su descanso no sea un viaje lleno de actividades, sino una tarde tranquila leyendo bajo un árbol, en solitario.

Y alguien que lleva meses sosteniendo emocionalmente a su familia quizá necesite, por primera vez en mucho tiempo, sentirse también sostenido, que se ocupen de ella, que la mimen.

No existe una única forma correcta de descansar.

Existe la que tú necesitas, la que cada persona necesita esa es la única correcta.

Cuando el piloto automático se viene de vacaciones contigo

Nuestro cerebro es extraordinario (ya sabes lo que me apasiona esta parte de nuestro cuerpo)

También es bastante necio, cabezón, caprichoso .

Cuando lleva mucho tiempo funcionando de una determinada manera, continúa haciéndolo incluso cuando las circunstancias cambian. Por eso muchas personas siguen consultando el correo cada poco tiempo.Revisan el móvil sin darse cuenta.Piensan continuamente en lo que harán cuando vuelvan.O sienten cierta inquietud cuando, por fin, no tienen nada urgente que hacer.(jajaj, es la sensación de andar como pollo sin cabeza, de un lado para otro pero sin saber que hacer)

A veces no sabemos estar tranquilos porque hace demasiado tiempo que no practicamos la tranquilidad (algo que siempre recomiendo a lo largo del año crear esos espacios de minivacaciones).

Vivimos tan acostumbrados a correr que, cuando por fin paramos, confundimos el silencio con incomodidad. Y no hay nada raro en ello. Solo significa que nuestro cerebro necesita reaprender otro ritmo.

La presión de aprovechar el verano

Existe otra trampa bastante común. Pensar que las vacaciones tienen que ser perfectas. Que hay que hacer planes maravillosos.

Que hay que viajar.

Que hay que ser feliz.

Que hay que volver con las pilas cargadas.

Y, si es posible, ligeramente bronceados y con unas fotos estupendas.(uffff ya me he cansado solo con escribirlo,¡madre mía!)

La realidad suele ser bastante menos peliculera.

Hay vacaciones con niños pequeños en las que descansar es casi un deporte de riesgo.(jajaja recuerdo mi querido viaje a Menorca con mis hijos de 4 años, casi muero, solo quería estar en mi casa)

Hay personas que cuidan de familiares.

Otras atraviesan un duelo.

Algunas viven dificultades económicas.

Y muchas simplemente llegan tan agotadas que necesitan varios días para empezar a notar que están bajando el ritmo.

Comparar nuestro verano con el escaparate de las redes sociales nunca ha sido una buena idea.

Porque solemos comparar nuestro día a día con el mejor momento que otra persona ha decidido publicar. (esa dichosa mala costumbre de comparar.)

Volver a uno mismo

Quizá el verdadero regalo de las vacaciones no sea hacer muchas cosas. Quizá sea tener el tiempo suficiente para volver a escucharnos.

Durante el resto del año solemos responder a una pregunta constante:

«¿Qué tengo que hacer ahora?»

En vacaciones podemos recuperar otra mucho más importante:

«¿Qué necesito?»

Puede parecer una diferencia pequeña. No lo es. Porque una pregunta habla de obligaciones. La otra habla de bienestar.

Y hace mucho que algunas personas dejaron de hacerse esa segunda pregunta.

Un ejercicio sencillo para este verano

Te propongo algo muy simple (ya sabes que si no mando deberes no sería yo)

Cada noche dedica cinco minutos a escribir estas tres respuestas.

  1. ¿Qué me ha dado energía hoy?  No pienses solo en grandes momentos.Quizá haya sido un paseo.Una conversación.Leer unas páginas. Tomar un café sin mirar el reloj.

2. ¿Qué me ha quitado energía? Sin juzgarte. Solo observa.

3. ¿Qué puedo hacer mañana para cuidarme un poco mejor? No hace falta escribir un gran propósito. A veces basta con algo tan sencillo como apagar antes el móvil. Salir a caminar. Dormir media hora más. Decir que no a un plan que en realidad no te apetecía. Los cambios importantes suelen empezar con decisiones pequeñas y repetidas.

Bueno, voy terminando…

Si este verano descubres que te cuesta descansar, no pienses inmediatamente que estás haciendo algo mal. Quizá simplemente llevas demasiado tiempo viviendo deprisa.

Las vacaciones no tienen la misión de arreglar todo lo que se ha ido acumulando durante el año. Pero sí pueden ofrecerte algo muy valioso.

  • Un espacio para escucharte.
  • Para bajar el volumen del ruido.
  • Para recordar cómo eres cuando no estás corriendo de un sitio a otro.
  • Y, sobre todo, para comprobar que descansar no es perder el tiempo(el dato más importante, ¡recuérdalo!) Es invertir en la persona con la que vas a convivir el resto de tu vida: tú.

Porque, al final, el mejor recuerdo que podemos llevarnos de unas vacaciones no siempre es una fotografía espectacular. A veces es algo mucho más discreto.La sensación de haber vuelto a casa… por dentro.

 

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