Hola,
Hoy quiero hablarte de algo que aparece mucho más de lo que parece. En consulta. En los grupos. Y, seguramente, también en tu día a día. El miedo al juicio.
No suele presentarse de forma evidente. Llega disfrazado de dudas constantes. De pensar demasiado antes de hablar. De adaptarte para no incomodar. De callar para evitar conflictos.
Y sin darte cuenta, te vas alejando un poco de ti. De lo que sientes. De lo que necesitas. De lo que sería coherente contigo.
Hace tiempo, una mujer me dijo algo que se me quedó dentro. No como una frase bonita. Como una verdad difícil.
«No sé muy bien quién soy… solo sé quién intento ser para no molestar.»
No hablaba de inseguridad.Hablaba de cansancio. De ese desgaste silencioso que aparece cuando vives demasiado pendiente de cómo te miran, de qué pensarán, de si estarás haciendo lo correcto… para los demás. Ese es el verdadero impacto del miedo al juicio. No que tengas miedo.Sino que te vas adaptando tanto que te desconectas de ti.
EL PROBLEMA NO ES EL MIEDO, ES DESDE DÓNDE VIVES
El miedo al juicio no siempre paraliza. A veces simplemente te hace dudar de todo, de lo que dices, de lo que decides, de si tienes derecho a sentir lo que sientes…en fin…de todo. Y entonces empiezas a vivir desde fuera hacia dentro, desde la expectativa, desde la exigencia.
Desde la psicología sabemos que cuando hay una distancia constante entre lo que una persona siente, lo que piensa y lo que cree que «debería ser», aparece malestar emocional. No porque esté fallando, sino porque está viviendo en incoherencia consigo misma.Y la incoherencia sostenida en el tiempo pesa (como una gran losa a la espalda).
TRES IDEAS PARA EMPEZAR A MIRARLO CON MÁS CALMA
- Distingue entre lo que pasa (los hechos reales) y lo que anticipas (tu imaginación desbordante)
- Nuestro diálogo interno puede ser muy convincente… y muy alarmista (¡ojo! con lo que te cuentas).
- Parar y preguntarte: ¿esto está ocurriendo ahora o lo estoy imaginando? ya es un primer acto de autocuidado emocional.
- Vuelve a ti como referencia, cuando todo tu criterio está fuera, tu equilibrio depende de los demás.
- Empieza a preguntarte: ¿esto es coherente conmigo, con mis valores, con la persona que quiero ser?
Elegirte no es egoísmo. Es liderazgo personal.
Atrévete en lo pequeño, paso a paso. No hacen falta grandes decisiones.
A veces basta con no justificarte tanto. Con decir lo que piensas con respeto. Con permitirte no gustar a todo el mundo.
La seguridad no aparece antes de actuar. Se construye después, cuando te sostienes.
ATRÉVETE A SER QUIEN ERES, SIN MIEDO
En el programa Atrévete a ser quien eres, sin miedo trabajamos precisamente esto: cómo dejar de vivir desde la exigencia y el miedo al juicio para empezar a tomar decisiones más alineadas contigo. No desde la perfección. No desde el control. Sino desde el conocimiento personal, la gestión emocional y una forma más serena y consciente de liderarte.
Porque cuando dejas de preguntarte constantemente “¿qué pensarán?” empiezas a escucharte de verdad. Y eso lo cambia todo.
Infórmate sobre la próxima edición de Atrévete a ser quien eres, sin miedo y date la oportunidad de volver a ti con más calma y coherencia.
Cuando te eliges con respeto, el miedo pierde fuerza y la vida empieza a encajar.
Si este mensaje ha resonado contigo, comparte este post y ayuda a más personas a reconectar con su esencia.